Reconoceré que hasta hace unos meses, en las conversaciones con la mayor parte de la gente que conozco, yo era de los pocos que de alguna u otra manera defendía el trabajo del gobierno. Nunca diciendo que todo estaba bien, pero sí tratando de rescatar las cosas buenas que la administración local o federal hacía, más allá del color que tenga. Aún ahora, evito caer en posturas fanáticas y simplemente tachar TODO lo que tal o cual gobernante hace como bueno o malo. En general gusto de observar cada punto en particular y a partir de ahí hacer mi jucio (aunque a veces prefiera no compartirlo), sin embargo, cierto es que desde algunos sucesos relativamente recientes en mi vida he perdido mucha de la confianza que, inocentemente o no, tenía en mis 'representates'.
Todo este rollo viene por lo siguiente, el viernes pasado salía de la Universidad por la tarde, cuando algo llamó mi atención en el CETRAM (nombre fresa y formal de los paraderos de las estaciones del metro) de la estación Universidad. De una pequeña zanja que parecía haber sido recientemente abierta brotaba con fe y singular alegria un chorro de agua. Me acerqué a ver de que se trataba, resultó, como me lo temía, una fuga de agua potable. La cantidad de personas que la veía era considerable, entre los que pasaban y los que esperaban ahí algún autobús eran varias decenas los que de ella se percataban, algunos a lo más, le tomaban fotografías o grababan video con sus celulares.
En un acto que bien podría causar ternurita tomé mi celular y antes de que otra cosa pasara ya estaba marcando por teléfono para reportar la fuga (aawwww, coooosaaaa). Sí, una voz me dijo 'ay Gerardito, ahí vas...' y pequé... pequé de inocente. Qué puedo agregar, esperé casi 20 minutos entre que me pasaban de una extensión a otra para tomar mi reporte, no sin haber escuchado durante ese tiempo, al menos en 5 ocasiones distintas una grabación del gobierno de la ciudad que decía con alarmente voz: 'La ciudad puede quedarse sin agua en los primeros meses de 2010, el gobierno recomienda medidas de ahorro...' y yo, bueno, ahí viendo litros y litros de agua brotar entre el concreto, ya saben. No haré la historia larga, al final una amable operadora (lo digo sin ningún dejo de sarcasmo) tomó mi reporte, acto seguido me fui. Estaba un tanto confundido, sentía que había ayudado y a la vez me quedaba con cierta sensación de que aquellos minutos podían haber representado una gran pérdida de tiempo; refunfuñé un largo rato acerca de lo ineficiente del gobierno en toda la extensión de ambas palabras, pero a lo hecho pecho--reza el dicho--lo comenté con un par de amigos y no le di más importancia durante el resto del día, hasta que horas más tarde pasé por el mismo lugar y la curiosidad me invadió, ¿Habrán reparado la fuga?--me pregunté--y oh! gratísima sorpresa me llevé al ver que ya estaba una camioneta del sistema de aguas arreglando el desperfecto. No habían pasado más de 6 horas, tiempo récord cuando he sabido de casos en que las fugas permanecen hasta 48 horas sin ser atendidas. No pude más que pensar con satisfacción: 'Me tendré que meter el zapato en la boca'.
Me han callado haciendo su trabajo, enhorabuena, me alegra. Ojalá así callaran las voces que protestan por altos niveles de inseguridad, por una economía aletargada o por la pobre inversión en infraestructura y educación. Porque la mejor manera de que la población no se queje es hacer todo aquello para lo que les pagamos ¿es tan difícil?, o es que acaso sigo pecando de inocente y ya me volví loco.
Todo este rollo viene por lo siguiente, el viernes pasado salía de la Universidad por la tarde, cuando algo llamó mi atención en el CETRAM (nombre fresa y formal de los paraderos de las estaciones del metro) de la estación Universidad. De una pequeña zanja que parecía haber sido recientemente abierta brotaba con fe y singular alegria un chorro de agua. Me acerqué a ver de que se trataba, resultó, como me lo temía, una fuga de agua potable. La cantidad de personas que la veía era considerable, entre los que pasaban y los que esperaban ahí algún autobús eran varias decenas los que de ella se percataban, algunos a lo más, le tomaban fotografías o grababan video con sus celulares.
En un acto que bien podría causar ternurita tomé mi celular y antes de que otra cosa pasara ya estaba marcando por teléfono para reportar la fuga (aawwww, coooosaaaa). Sí, una voz me dijo 'ay Gerardito, ahí vas...' y pequé... pequé de inocente. Qué puedo agregar, esperé casi 20 minutos entre que me pasaban de una extensión a otra para tomar mi reporte, no sin haber escuchado durante ese tiempo, al menos en 5 ocasiones distintas una grabación del gobierno de la ciudad que decía con alarmente voz: 'La ciudad puede quedarse sin agua en los primeros meses de 2010, el gobierno recomienda medidas de ahorro...' y yo, bueno, ahí viendo litros y litros de agua brotar entre el concreto, ya saben. No haré la historia larga, al final una amable operadora (lo digo sin ningún dejo de sarcasmo) tomó mi reporte, acto seguido me fui. Estaba un tanto confundido, sentía que había ayudado y a la vez me quedaba con cierta sensación de que aquellos minutos podían haber representado una gran pérdida de tiempo; refunfuñé un largo rato acerca de lo ineficiente del gobierno en toda la extensión de ambas palabras, pero a lo hecho pecho--reza el dicho--lo comenté con un par de amigos y no le di más importancia durante el resto del día, hasta que horas más tarde pasé por el mismo lugar y la curiosidad me invadió, ¿Habrán reparado la fuga?--me pregunté--y oh! gratísima sorpresa me llevé al ver que ya estaba una camioneta del sistema de aguas arreglando el desperfecto. No habían pasado más de 6 horas, tiempo récord cuando he sabido de casos en que las fugas permanecen hasta 48 horas sin ser atendidas. No pude más que pensar con satisfacción: 'Me tendré que meter el zapato en la boca'.
Me han callado haciendo su trabajo, enhorabuena, me alegra. Ojalá así callaran las voces que protestan por altos niveles de inseguridad, por una economía aletargada o por la pobre inversión en infraestructura y educación. Porque la mejor manera de que la población no se queje es hacer todo aquello para lo que les pagamos ¿es tan difícil?, o es que acaso sigo pecando de inocente y ya me volví loco.
Estuvo buena tu historia, al menos atendieron rapido la fuga, pero 20 min?!?!?!?!? ojala hayas tenido un plan tarifario y no uno de minuto a $3.5 , pues aqui ya sabes quien es tu lector de siempre
ReplyDeletePor primera vez la sombra de Susana Lara no aparece, ya te tocaba Saurio.
ReplyDeleteCuándo me tocará a mí? Me aturde el canto de cisne de mis esperanzas.
ReplyDeleteEs agradable escuchar de una historia donde el gobierno cumple, haciendo callar a personas (yo, en ocasiones) que tienden a quejarse de él.
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