Y si pudieras escucharme te diría tantas cosas, que te extraño, que quiero verte, que quiero abrazarte... besarte.
Y si pudieras estar aquí ¿cuánto compartiría contigo? Risas, cantos, bailes, saltos (aunque sea pequeñitos), caramelos y chocolates... noches y amaneceres, con malvaviscos por almohadas y el enigmático aroma del café por la mañana como único testigo.
Y si pudieras verme ¿qué te mostraría? La sonrisa que causas, la mirada que sigo sin entender como haces para iluminar y como (al menos en mi asiento) puedo saltar con un timbrazo del teléfono.
Y si pudieras leer esto ¿qué pensarías? que no tiene sentido, que soy un iluso o que estás de acuerdo y quisieras escucharme, estar aquí y verme.
No hace falta que respondas, tal vez no sea el momento; es posible acaso que sólo sean preguntas que retumban en mi cabeza. ¿O no?
¿Es posible que al mirar al sur encuentres esa luz que trato de montar en un faro? Con la ilusión de que tu navío vire hacia este puerto, miro al horizonte tratando de vislumbrar la silueta de tus velas izadas cuando el viento sopla hacia esta tierra con el deseo de que el tiempo sea bueno para que puedas atracar aquí.
Y entonces, el mar tiene un momento de paz, las suaves olas parecen decirme algo... y estoy a punto de creerlo. Decido que debo embarcarme y zarpar para encontrarte mar adentro, mas tan pronto como me alejo de tierra, nubarrones encapotan el cielo e incluso la luz de mi faro se hace difusa... pero por algún motivo que sigo sin comprender decido seguir. Y en la espera de esa luz de tu navío. ¿Y si la enciendes?
Es posible acaso que sólo sean preguntas que retumban en mi cabeza.
No hace falta que respondas, tal vez no sea el momento ¿O sí?
No tenía conocimiento de su blog sr. ingeniero, pero me da gusto saber q tam-bién escribe tan-bien!
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