Friday, 15 April 2011

Entre sueños y poco de embriaguez

En un sueño infinito, cerrar los ojos y encontrarse en un tiempo único que es un instante casi eterno. Despertar, despertar, despertar en el más profundo sueño. Un despertar hacia la libertad, en un navío en pos del gran puerto, allá, al otro lado de la inmensa mar.

Andariego y bohemio, con apariencia de ser extraviado; ríe al ser incomprendido, no hay linealidad y aún así, tiene orden. Marchando va, cantándole al silencio, buscando la totalidad y encontrándola a cada paso. Orgulloso del origen, que está en todos lados a la vez y en uno muy especial. Soñando que sueña un querer al despertar en el sueño infinito, dicho ya instantáneo en el lecho y eterno en la cresta de las mareas; más duradero aún en el cosmos. Vino y pan, felicidad, tanto como champagne y caviar. Aquel amor, difícil de hallar, puede no obstante ser visto en cada perla y cada estrella.

Velero, búsqueda, libertad. Dejos de quijote con la meta de trascender los alcances del hidalgo de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. Grata resulta la gente de verdad.

Al amanecer, llega la hora de dormir. Abrir los ojos, para salir del sueño acotado y seguir viviendo el sueño infinito, acaso un poco mejor preparado que antes de las ocho horas fugaces recién pasadas, como todo el tiempo que fácil se va.

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