Friday, 20 January 2012

Vino, música y noche.

Una noche existe el sonido de la pluma que se desliza con dulzura y el trazo en la hoja de papel que es acariciada. De su idilio nace para la vista del mundo una idea, un poema que la voz de él, el autor, jamás recitará. 

La noche siguiente el saxofón suspira con ternura, la luz de la vela tiembla nerviosa al escucharlo. Coqueteo imposible de observar sin admirar, de escuchar sin fantasear. Es el poema que aquel par de enamorados trajo al mundo. Vive no por voz, vive por aliento. 

Todo encaja a la perfección, la idea que nació de la pluma y el papel es ahora, no suspirada, más bien susurrada por el saxofón. La luz de la vela impávida te contempla, no mueves un ápice del rostro. Destello en una gota, no es el rocío matutino pues aún manda la noche. Tintineo de la luz reflejada en tu lágrima es. Ahora sin pronunciar una sola palabra, has dicho todo lo que debías. 

¿Qué importa si en otra parte amanece? Aquí, la luna se posa altiva y soberana en lo más alto del cielo con su séquito de guardianes estelares detrás. Abajo, en el mundo real, un caballero dionisiaco dio su vida. Su sangre, que es sangre de la vid, sirvió para guardar ese momento en que el incontenible apogeo llegaría. 

Que ¿qué ha sido todo esto? Nada más que la culminación de una triple historia de amor, te puedo decir. Esa de vela y saxofón, pluma y papel, pero sobre todo la que existe llena de pasión, desde hoy, entre tú y aquel.

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